Resulta que me he puesto melancólico. Y claro, ese aura de tristeza suele acompañar mis escritos personales que suelo escribir por aquí. Basta que inviertas veinte segundos en una imagen efímera, lo cual pasa a menudo, para que tu conciencia decida arrodillarse un momento, casi como si pidiera alguna mano amiga que la soportara. Entonces tus aflicciones se reúnen en torno a las paredes de la casa y comienzan a asomar por entre las cortinas, debajo de las camas, en todos los cubiertos y platos sobre la mesa, en ropas dobladas y, hasta cuando te fijas bien, en olores escondidos en alguna que otra esquina.
Sé que hacer en esos momentos. Forma parte de un ritual propio que desobedece a las virtudes de una buena razón, pero que me niego a seguir en frías tardes como ésta. Bajo estas condiciones suelo refugiarme ente mis sueños y cuidarlos con deleites universales. Me siento en el salón y cubro mis pies con una pequeña manta de cuadros oscuros. Enciendo el ordenador y lo apoyo en mis muslos, pongo el reproductor de música y me alojo entre los susurros desgarrados de Bon Iver. El resto parece automático. Me consuela y enternece hasta el momento en que expulso los desaires en gotitas digitales. Como un virtual fermento, mis escritos me empujan hacia otras direcciones más optimistas, llegando a relativizar a mis lágrimas que ya parecen de alegría.
Entonces aumenta el volumen de la música y de entre mis labios empieza a emerger mis murmullos. El balanceo de mis pies me indican que se puede bailotear sin apenas moverme del lugar y el desaparecido temblor en mis dedos me hace recordar que al amparo del cariño toda carga no es más que molestias al andar que no impiden tu paseo.
Abro la ventana y ya la noche me saluda. Oculta entre luces anaranjadas, la ciudad continúa su rumbo incesante escondiendo entre cortinas miles de historias dignas de ser admiradas por su naturaleza. Si ves entre todas ellas a un muchacho mirando con esperanza hacia la cocina dile que es una persona afortunada, aunque creo que lo sabe de sobra.


"al amparo del cariño toda carga no es más que molestias al andar que no impiden tu paseo."
si veo a ese muchacho del que hablas , le diré que es un persona muy afortunada , pues vive, escribe , y tiene mucho para dar
y mira por tu ventana , no puedes estar melacólico , con un sol brillando para ti
La melancolía no la produce el sol que me acompaña. Gracias a su luz todo es mucho más brillante en mi vida
que todo sea luz en tu vida , tan o mas brillante que ese sol que te acompaña