Vuelvo al trabajo tras dos semanas de ausencia. Al pisar el hospital aprecio los aromas característicos de un servicio como es el de cuidados intensivos y recibo las intrucciones de cuidados de mi paciente con una mezcla extraña de tedio e incredulidad. Nada ha cambiado.
Allí se concentran en un auténtico crisol humano las arriesgadas conductas que convierten tu trabajo en un manjar carente de sabor. Desde el astío acumulado por curtidos profesionales que no encuentran estímulos en un trabajo aislado y poco motivador a las torpezas negligentes de muchos perdidos. Actitudes chulescas, estirpes interesadas, sinvergüenzas sin camuflaje efectivo, lobos agazapados y muchas y variadas ovejas. Cinco figuras desfiguradas, otras tantas errantes, varios profetas de curtida e ingenua holgazanería, y ecos intermitentes que disfrutaban de un buen café.
Así que me limpié las gafas. Seguía sin gustarme lo que antaño ilusionaba. Tarareé canciones que acicalaban mis postjucios y volví a emprender mi marcha con renovada inocencia.
Una enfermera enjuagaba el pelo con ternura. Improvisados consortes reservados compartían esfuerzos con inusitado regocijo, charlas triviales repartían cómplices y anheladas sonrisas. Agradecidas miradas se escondían entre lágrimas de impotencia, reverencias innecesarias y un regusto a caramelo en todo aquello que mis dedos tocaban. Muchos volcanes apagados mantenían intacto algo de su calor y medio sobre de azucar decidió hacerme compañia.
Nunca fue fácil pasar una jornada en éste hospital. Pero me encanta.


"El tiempo pasa y nos moldea sin piedad. Lo que fuimos ayer deja de tener sentido cuando uno parte de pilares arenosos. No quiero renegar de mis miedos y conflictos. Dejaré que las líneas reflejen quien soy ahora, para poder comprenderme mejor mañana"
pues lo estás logrando robbi , sin lugar a dudas lo estás logrando ....