Hay ruido por todas partes. Voces en la calle, músicas obligadas y coches afónicos que no hacen más que oponerse a mis ansias anacoretas de sosiego. Niños que gritan pidiendo atención, viejos que callan asumiendo su niñez y cláxones que ladran por mostrar su conocida impotencia. Mi vecina grita a la del quinto que ponga la televisión, cuando lo único que se me antoja necesario es el cerrar los ojos y acompañar con pensamientos salvajes las vociferaciones que me alcanzan desde debajo de la puerta. Gritos pidiendo calma y silencios rogando holas.
Me introduzco en una burbuja. Aquí todo es distinto. Estás tú.
Y como heroína forzada de directores daneses, hago acopio de ritmos inarmónicos y vuelo con ansias de ingenuidad hacia lugares familiares que giran en torno a ésta taza de café. ¡¡Qué me gusta su aroma!!.


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