Ocurre en contadas ocasiones. Dejas de encontrar las palabras adecuadas y la impotencia te oprime. Todos los pensamientos acumulados mantienen una estructura ordenada y coherente pero, sin embargo, no encuentras la forma de expresarlos. Y te sientes inerte y taciturno por momentos. Entonces ocurre, o quizás quieres que ocurra. Una canción en el momento apropiado, una secuencia determinada de una película maravillosa, los párrafos aislados de libros personales, elementos externos que se configuran en paradigmas de tus ideas silenciadas. Aquellas que te aterran o avergüenzan mostrar en público.

Durante esta semana he descubierto uno de esos grupos españoles que injustamente no estarán en las listas de éxitos de las radiofórmulas. Grupos minoritarios, por fortuna para los que nos gusta, que dejan plasmada en sus composiciones un gusto exquisito por lo cotidiano y terrenal, alejados de sus opuestos panfletistas que gritan a los cuatro vientos sentimientos irreconocidos. Bandas coherentes que narran con sutileza, o no, la ternura o desgracia en las relaciones humanas, el instinto, la desesperación y las catársis a las que se ven sometidos aquellos que luchan por encontrar un sentido a la vida en su vida. Y lo consiguen, si entendemos por consecución el transmitir vivencias hasta hacerlas propias. Ocurre en contadas ocasiones, y con MacEnroe me he emocionado ésta semana.