Sin mucho que decir lanzo mis manos al teclado. Hoy he dado el día libre a mis ideas y ellas lo han querido aprovechar, así que pongo la cabeza a divagar sin rumbo fijo y reconozco mi nulidad como improvisador. Las hecho de menos. Y eso que les dedico el poco tiempo que tengo. Las mimo, hablo con ellas y las moldeo hasta ajustarla a un formato adecuado que las convierta en ilusiones vanidosas. Pero hoy no quieren complacerme con su compañía.
Y no las culpo. Su presencia cotidiana no puede más que permanecer relegada a un discreto segundo plano en el que celar de mi actual compañía. Yo las animo a descansar, a evitar esas dudas infantiles de abandono momentáneo. Les guiño el ojo y hasta puedo llegar a abrazarlas por un instante. Pero poco más. Deberán madurar solas y esforzarse para retornar con una viveza contagiosa. Quizás entonces escriba algo con sentido.


Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados