En días como hoy apetece descansar. Sin embargo mis ambiciones de holgazán quedarán en un discreto segundo plano por mi ansia práctica de vaguear perdido entre mis aficiones. Porque pese a disponer de unas condiciones ideales para satisfacer mis anhelos morféicos, mis constantes miradas cómplices a esos almohadones sedosos y el frío que sube por mis piernas que susurran plegarias para esconderse entre los cálidos brazos del edredón, las ganas de aprovechar cada segundo de los miles de segundos de este domingo relegarán a esa preciosa y calentita cama a un olvido necesario.
Y es que quiero ver películas asiáticas, o de terror. O asiáticas y de terror. Quiero encender la play, mover el wiimando y pulsar botones con sus hermanas menores. Quiero leer las letras acumuladas que exigen un respeto ganado con el tiempo, quiero pasear y comerme un helado de menta con perlitas de chocolate, quiero cocinar, quiero hacer el amor como un amnésico, quiero oir la radio hasta desear volver a los podcast. Quiero escribir de nuevo, soñar con que mis letras confabulen y se alejen de mi hasta que sean capaz de crecer solas sin mis riego...
Y tambien anhelo no tener tanto tiempo libre.
Es como en todas las parcelas de la vida. La inconformidad como referencia para nutrir de insatisfacciones a frustrados sollozantes. Sin embargo, afuera hace un sol maravilloso. Y adentro también.


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