Hoy amanezco empapado por un rocío de optimismo. Impregnado por olas de momentos que atesoran esos pellizcos de felicidad. Un pedacito de chocolate con almendras, una coincidencia verbal ante comentarios descifrados, una sonrisa manipuladora ante la que no cedes...Pequeñas miniaturas envueltas en cajas de regalo imaginarias que consiguen transmitirme la serenidad que estuvo esquiva la pasada semana.
Y si analizo los motivos que me acercan a ese placentero lago no hago más que encoger los hombros y hacer una reverencia ante el magestuoso poder que ejerce la casualidad. Miras de reojo y contemplas todas tus adversidades acechándote para complicar un poco más tu vida pero, sin embargo, no reconozco su aliento detrás de mi nuca, por lo que aprovecho el momento para disfrutar de estos instantes de placer cotidiano.
Supongo que será el cansancio que me hace ceder en mi férrea guardia y me pide un poco de serenidad. Creo que me ire a la cama con este dulce sabor. Me desnudaré para quitarme el olor a hospital, comeré algo y caeré fulminado sobre una cama aun caliente. Aprovecharé el aroma de la manta para cerrar los ojos mucho antes de que empiece a desearlo y, justo antes de dormirme, daré un beso intencionado a quien yo quiera sabiendo que aun no ha podido leer estas palabras.


Seguro que has descansado plácidamente. Ahora queda mucho por hacer y con las pilas cargadas es mucho más fácil Ser.
¡Genial que estés por estos lares!