Entra algo de brisa por la ventana. No llega a embriagarme la gélida percecpción de que debería rescatar el trasero del sofa y recorrer los peldaños de la escalera en busca de algo de abrigo. Aun así, decido que no viene mal darme una pequeña ducha y ponerme ropa adecuada. Durante el breve trayecto contemplo escalones.Y en ellos zapatos.
De repente se va todo el frío. Ha pasado a segundo término esa sensación. Se ha diluído entre las olas del hambre, del cansancio, de la falta de sueño... decido volver al sillón y tumbarme frente a la pantalla. Aunque desde hace un buen rato no escribo ni leo nada que le robe una pizca de interés a los instantes de magia que se expanden tras el despreciado monitor.


Y qué maravilla es sentirse vivo...