Como definir lo que ha pasado en esta última semana de ausencia. Rutina, sorpresa, enojo y agrado, rebeldía, fiebre, resignación, y sonrisas. Todo sin tiempo con tiempo para todo. He conseguido sonreir sin animos para ello y disfrutar de la esencia de aquello en lo que creo. He apartado de mi plato todo lo amargo y he continuado con la degustación de los placeres de un delicioso banquete que con tanto cariño había preparado.

Reí. Lloré.

Sentí.

Quizás no tenga todo aquello que un día escribía en sueños publicitarios. Es seguro que los viajeros miraran con sorna mi aspecto. Mi prematura vejez marcada en mis ojos. Doy por hecho que miles de explicaciones sólo confundirían al que no aprecie la esencia de la sencillez. Quizás sea yo el equivocado y mis palabras sólo reflejen un sueño perdido. Un grito de auxilio a un vagón que se aleja. Quizás tendría que claudicar.

Pero...puede que no. Y lo poco que tengo y no palpo, lo que veo en el espejo cuando seco mis lágrimas, lo que me impulsa a levantarme cuando aun mis rodillas vierten hilos de fresca sangre, todo eso y una simple canción me hace muy feliz.