Caes en picado después de días de vuelo planeado. Has sido testigo de la extraña belleza. Has podido apreciar generosos matices en situaciones que muchos rechazan. Un rechazo que me aturde y torpedea con duras preguntas que nunca facilitarán la respuesta. Has caminado durante horas hasta alcanzar la montaña sólamente para sentir esa brisa saludarte con su gelidez. Has transigido largas colas para poder saborear ese pan recien horneado. Y ahora, cuando terminas por acostumbrarte al contínuo asombro. Cuando entras en razon desde el sueño soñado. Cuando ves que el precioso atardecer desaparece entre haces de oscuridad, entonces, ahora, sólo buscas algo de abrigo y una argumento coherente que nunca llegará.