Podría engañar con mis palabras. Disfrazadas de apesadumbrada melancolía reflejan una realidad aterradora y odiada que dista varias noches de lo que siento ahora. Luces de optimismo atraviesan los carcomidas tablones de mis tapiadas ventanas y ríos de satisfacción se reflejan en mi mirada ante los ojos versados en mi historia. Mi desconocida y espinosa historia.

Suelo transmitir todo lo opuesto. Un simple vistazo a mis letras dibuja mares grisáceos de desesperanza. Y en ciertos momentos imitan  la realidad. Mis espíritus me poseen con frecuencia y modelan mis miedos hasta distorsionar lo que con facilidad resulta narrado. Pero, cuando terminan por asomar sus estelas en mis dedos, expiro y saboreo su impostora belleza embaucadora consiguiendo que, por ese ínfimo instante, sonría sin mover apenas los labios.

Tranquilo mentor. La cita continúa pendiente y saciarás tus ansias de saber. Soy consciente de la ausencia de directrices y los confusos equívocos que se pueden deducir de mis desvaríos. Del mismo modo que sé que me acompañas cuando hablamos de manera indefinida de lo surreal de nuestras aficiones.

Un abrazo