En un mundo de apariencias la locura termina por alcanzar la clarividencia y los anhelos de la pareja no dejan de ser más que cortinas de humo que hipnotizan una realidad que está más cercana a la pesadilla.
Dura. Muy dura y cruel es la visión que tiene Sam Mendes de las relaciones familiares y, en concreto, de pareja. Disección milimétrica de la infelicidad del matrimonio, de la ceguera voluntaria y del miedo al espejo.La historia de Revolutionary Road es la del hastío de una pareja que ha olvidado los motivos por los que en su momentos decidieron estar juntos. La de los vanos esfuertos por avivar una llama apagada sobre la cual ya no queda restos de brasa. La de dos personas que no aceptan su fracaso y que buscan fuera de su propio círculo lo que ya no van a poder encontrar puesto que ya, si quiera, lo prentenden encontrar.
April (Kate Winslet) es una actriz fracasada que ejerce de ama de casa ideal. Madre de dos hijos, vive en un hogar idílico rodeada de vecinos que admiran y envidian su felicidad. Su marido (Leonardo Di Caprio) trabaja en una empresa ejerciendo la misma labor que su progenitor, manteniendo olvidados sus anhelos de juventud. Conscientes de su propio potencial malgastado y del estancamiento de sus vidas deciden darse una nueva oportunidad y planean abandonarlo todo para irse a vivir a Europa.
Con una puesta en escena maravillosa e impactante, poniendo las cartas sobre la mesa a la primera de cambio, Sam Mendes nos conduce a y través de un camino sin retorno hacia la más negra de las impotencias. Sin dejar de incidir en lo efímera que puede resultar la felicidad, nos obsequia con pinceladas de cotidianedad y puñetazos de realidad que forman un lienzo abstracto. Tan abstracto que deja al propio espectador que lo digiera a su gusto hasta que termina por indigestarse. Todos sus titeres sufren de lo mismo. De aislamiento. De incomunnicación y cobardía. Deconformismo y ceguera. En una sociedad en la que se valora más la apariencia que la realidad.
Fantástica Kate Winslet. Capaz de matizar con la mirada un espectro de emociones. Correcto Di Caprio, que se pensará de nuevo el repetir película con su amiga por ser siempre eclipsado. Y soberbio Michael Shannon, aprovechando cinco minutos de escena para ganarse el recuerdo de toda la película.
No apta para aquellos que crean en los cuentos de hadas, en el cine de Disney ni para aquellos que prefieran escoger la pastilla azul.


Después de hablar el otro día contigo por teléfono, me han entrado muchas ganas de ver la película. Eso sí, con el estado de ánimo correcto, que si no...
Ya sabes lo que te conté de la misma. A mi me dio de lleno y me parece incomprensible su ausencia de los premios este año. He visto ya tres de las nomidadas y no le hacen sombra a la peli de Sam Mendes.