De un tiempo a esta parte, Woody Allen ha dejado aparcado su peculiar sentido del humor que impregna sus peliculas en favor de centralizar la atención de las mismas en los dramas internos a los que se someten las personajes que buscan un sentido a sus relaciones de pareja. No es que olvide insertar en sus legados cinematográficos situaciones inverosímiles o cargadas de ingenio o agudeza, sino que ahora se limitan a decorar sus historias, que se llenan de fuerza para mostrarse sin tapujos, poniendo toda la carne en el asador.

En Vicky Christina Barcelona, nos encontramos a una pareja de amigas que viven la vida de manera muy diferente. Vicky es racional. Christina pasional. Orden y Caos. Felicidad encontrada desde dos vías distintas. Ante ellas, aparece un bohemio pintor con una propuesta arriesgada y directa. Quiere pasar un fin de semana con ellas para enseñarles su forma de vida y hacerles el amor.

Entre la viceralidad de Christina y la cordura de Vicky se fraguan los primeros dilemas de la obra de Allen. Una quiere arriesgarse, la otra no está dispuesta si quiera a pensarlo pero, al mismo tiempo, sabe perfectamente que no puede abandonar a su amiga ante esa situación tan descabellada. Y entonces, entra el azar y da un toque de magia que hace que la pelicula comienza a indigestarse. No es lugar para estropear el desarrollo de la película. Solo para crear el gusanillo hacia la misma. Los actores que se prestan al juego están soberbios. Seré un poco pedante ahora, pero es un deber serlo. Esta película solo tiene sentido vista en versión original. No, no voy a defender ahora el formato original, el cual lo considero necesario siempre, pero no imprescindible. Hay grandes dobladores en España y el resto del mundo que hacen trabajos espléndidos. Pero en ésta película en concreto, el choque de culturas y el desconocimiento del lenguaje juegan un papel fundamental para poder disfrutarla en su totalidad. De lo contrario, como entender la fuerza que impone Penelope Cruz a su personaje cuando se enfrenta a....Versión original, por favor. Y, tratandose de Woody Allen, los actores son fundamentales.

Patricia,Scarlett, y Javier forman un trío de protagonistas solventes, pero la brutal aparición de Penelope (otra vez) consigue que uno se desespere cada vez que se critica, de manera un tanto envidiosa, la capacidad de absorver los personajes que tiene la española. Siento debilidad por ella, claro está, pero vuelve a dar una lección de como aprovechar sus escasos minutos en la película para hacerse protagonista absoluta de la historia.

Nada más que recomendar su visionado (aunque hay opniones en contra de la misma)  y reflexionar acerca de lo que queremos en la vida. Lo que queremos nosotros para nosotros. Y, si puede ser, a entender que el ser humano busca su propia felicidad de las más diferentes y rocambolescas maneras. No somos nadie para juzgar a la conducta de los demás en cuanto a sentimientos se refiere. Creo que de eso algo he aprendido con el tiempo.