Cuando uno despierta a estas horas de la tarde, despues de haberse prestado a un simulacro de lo que podríamos llamar "sueño reparador", entiende como la raza humana puede ser capaz de cometer atrocidades ante mínimos estímulos que, en cualquier otra circunstancia, se verían como inofensivos. Debería existir una jaula o unas contenciones psiquiátricas para que sujeten a todos aquellos que pasan la noche en vela. Y todo por el cada vez más mísero sueldo que nos donan. Quizás así, amarrados, se evitaría que cometieramos alguna barbaridad sobre la que arrepentirnos al día siguiente. Por suerte, hoy los enanos no los tengo cerca. Que mal padre nos volvemos en situaciones de falta de sueño.
Aunque lo verdaderamente preocupante es la capacidad de soltar improperios que puede salir de la boca de un tranochado. Así como Reegan era maniatada a la cama y no paraba de blasfemar y regalar bonitos piropos a todo aquel que se atreviese a nombrarle, si quiera, la palabra sensatez, así es como me encuentro ahora.
No quiero hablar con nadie. No se molesten. No me pregunten que que tal la noche, que como estan los enfermos, cuando trabajo de nuevo, si llueve o hace sol, o si he terminado las compras navideñas. Mierda. Tenía que nombrarlas.
Menos mal que uno puede insultarse a si mismo en su blog y saber que no recibirá respuesta alguna por parte del mismo.


Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados