Siento debilidad por el cine asiático. Por esa capacidad de reflejar ideas y de envolver las críticas más feroces a una sociedad viciada a traves de sutiles metáforas que son capaces de esquivar las férreas censuras de los que ostentan el poder. Me gusta la valentía de mostrar lo que tienen en la cabeza sin importarles las consecuencias de lo que ello implica para su carrera. Destierros, amenazas y esas formas de extorsión que también se ve en occidente y que queda diluida en un mar de comercialidad imperativa. Si no vendes estás vendido.

Entre todos ellos, son muchos, caigo rendido a las sutilezas del cine de Wong Kar Wai. A su manera de mostrar la realidad universa de lo cotidiano. Del amor y la falta del mismo. Del rechazo, las oportunidades perdidas y la búsqueda de redención presente en sus pequeñas joyas. Todo adornado con un lenguaje propio, en el que la música, los encuadres imposibles y la combinación de color y vestuario consiguen que el espectador vea no una película, sino un lienzo en contínuo movimiento.

Ahora se acaba de estrenar su última novela. Curioso, porque ya lleva mas de dos años terminada y editada en dvd pues el mismo tiempo.

Es la primera incursión del cineasta en la "élite" del cine americano. Presupuesto millonario, actores reconocidos y distribución internacional y abierta. Y, pese a que se le ha criticado la falta de frescura en sus propuestas, me ha vuelto a dar de lleno.

Básicamente, una chica (Norah Jones), descubre la infidelidad de su novio y la rabia hace que tenga la necesidad de acudir a la primera cafetería que encuentra paraa abandonar las llaves del apartamento en el que convivía. Allí entabla una simple conversación con el camarero y descubre que no es la única persona del mundo que ha tenido esa idea. Comparten trozos de tarta, hablan del paso del tiempo y del amor. Y se quedan dormidos.

La muchacha decide emprender un viaje catártico para buscar respuestas internas, y decide trabajar en todo lo que pueda para mantener la cabeza ocupada y poder ahorrar un poco de dinero. Durante su trayecto, va conociendo otras pequeñas historias que le recuerdan lo difícil que es la vida y, en concreto, el amor. Lo solos que estamos y lo necesitados que nos sentimos. Y sobre todo, que necesitamos hablar. Que somos unos seres tan estupidos que no nos damos cuenta de que unas palabras sentidas pueden evitar grandes silencios.

No tengo que expresar lo fascinante que fue ver esa película. En mi caso encima tenía unos condicionantes añadidos que facilitaban su visión y que intensificaban el placer de ver momentos como el beso más maravilloso que se ha plasmado en el celuloide en los últimos años.

En su momento se explicara el por qué. Ahora, la recomendación en forma de trailer.