La mayor parte de Julie and Julia se pasa entre fogones. Calderos, cucharones, cuchillos y sartenes se fusionan con entusiasmos y aflicciones, con miedos y enterezas, con cariños en todas sus vertientes y con algunas pizcas, no demasiadas, de sal para dar forma a una de las formas más grandiosas de mostrar el amor hacia otra persona, regalarle una fusión de colores y aromas en un preparado banquete para dos.

Porque de eso va la película, aparentemente. De una chica perdida que encuentra entre muslos de pato,pinzas de bogavantes y troceo de cebollas una vía de escape para encontrar un sentido a su vida y de aquellos que la rodean. Para ello decide marcarse una meta personal en un breve periodo de tiempo en el cual plasmar su frustrada vida como escritora en las páginas de una bitácora. Un blog anónimo, como tantos, que de rienda suelta a sus pasiones escondidas y que merecen ser complacidas de una vez por todas.
Entonces se enciende el hornillo y se cuece la película a fuego lento. Y entre los ingredientes no se muestra a una aprendiz de cocina sino a dos, que tienen en común un desorbitado entusiasmo por lo que hacen y, sobre todo por el cómo lo hacen. Julie y Julia no se conocen. Son parte cada una de sociedades casi opuestas en apariencia que tienen como núcleo en común las necesidades humanas de sentirse parte de algo y no de sentarse a ver como los días de tu vida son rellenados con futilidades. Todos necesitamos querer a nuestra imagen reflejada. Queremos ver que nuestra vida cobra algún tipo de sentido gracias a nuestra presencia en ella. Y para ello no importa que hagamos carreteras, compongamos canciones eternas, sanemos a los incurables, o queramos mostrar al mundo que la mantequilla puede hacernos más felices que los placeres económicos que nos atan a un teléfono.
En un mundo tan despersonalizado como en el que nos encontramos existen, si uno se fija con detenimiento, personas que son capaces de sonreír ante circunstancias cruelmente desfavorables. Cuando uno se pregunta cual es su secreto se podría sorprender al notar cómo no es tan difícil de conseguir. Para ello, la próxima vez que te sirvan una tostada no la mastiques de manera automática mientras cambias el canal del televisor. Te sugiero que paladees lo sabrosa que la mantequilla está esa mañana.


Mucho podría contar sobre una película tan compleja como es 


No es lugar para estropear el desarrollo de la película. Solo para crear el gusanillo hacia la misma. Los actores que se prestan al juego están soberbios. Seré un poco pedante ahora, pero es un deber serlo. Esta película solo tiene sentido vista en versión original. No, no voy a defender ahora el formato original, el cual lo considero necesario siempre, pero no imprescindible. Hay grandes dobladores en España y el resto del mundo que hacen trabajos espléndidos. Pero en ésta película en concreto, el choque de culturas y el desconocimiento del lenguaje juegan un papel fundamental para poder disfrutarla en su totalidad. De lo contrario, como entender la fuerza que impone Penelope Cruz a su personaje cuando se enfrenta a....Versión original, por favor. Y, tratandose de Woody Allen, los actores son fundamentales.
