Publicidad:
La Coctelera

Expiaciones cotidianas

Categoría: Cine

16 Noviembre 2009

Julie and Julia

La mayor parte de Julie and Julia se pasa entre fogones. Calderos, cucharones, cuchillos y sartenes se fusionan con entusiasmos y aflicciones, con miedos y enterezas, con cariños en todas sus vertientes y con algunas pizcas, no demasiadas, de sal para dar forma a una de las formas más grandiosas de mostrar el amor hacia otra persona, regalarle una fusión de colores y aromas en un preparado banquete para dos.

Porque de eso va la película, aparentemente. De una chica perdida que encuentra entre muslos de pato,pinzas de bogavantes y troceo de cebollas una vía de escape para encontrar un sentido a su vida y de aquellos que la rodean. Para ello decide marcarse una meta personal en un breve periodo de tiempo en el cual plasmar su frustrada vida como escritora en las páginas de una bitácora. Un blog anónimo, como tantos, que de rienda suelta a sus pasiones escondidas y que merecen ser complacidas de una vez por todas.

Entonces se enciende el hornillo y se cuece la película a fuego lento. Y entre los ingredientes no se muestra a una aprendiz de cocina sino a dos, que tienen en común un desorbitado entusiasmo por lo que hacen y, sobre todo por el cómo lo hacen. Julie y Julia no se conocen. Son parte cada una de sociedades casi opuestas en apariencia que tienen como núcleo en común las necesidades humanas de sentirse parte de algo y no de sentarse a ver como los días de tu vida son rellenados con futilidades. Todos necesitamos querer a nuestra imagen reflejada. Queremos ver que nuestra vida cobra algún tipo de sentido gracias a nuestra presencia en ella. Y para ello no importa que hagamos carreteras, compongamos canciones eternas, sanemos a los incurables, o queramos mostrar al mundo que la mantequilla puede hacernos más felices que los placeres económicos que nos atan a un teléfono.

En un mundo tan despersonalizado como en el que nos encontramos existen, si uno se fija con detenimiento, personas que son capaces de sonreír ante circunstancias cruelmente desfavorables. Cuando uno se pregunta cual es su secreto se podría sorprender al notar cómo no es tan difícil de conseguir. Para ello, la próxima vez que te sirvan una tostada no la mastiques de manera automática mientras cambias el canal del televisor. Te sugiero que paladees lo sabrosa que la mantequilla está esa mañana.

11 Noviembre 2009

500 Días Juntos

Cuando en una película acariciar unas manos simboliza una dolorosa frustración fácilmente reconocible por todo aquel que haya amado decido guardarla en mi pequeña colección joyas cinematográficas. 500 días juntos, o mejor dicho (500) Days of Summer, para aquel que la hay disfrutado con todos sus matices, está desde hoy mismo en ese saco de películas mágicas que se caracterizan por pincelar realidades cotidianas con un realismo duro y cercano que golpea sin piedad a todos aquellos amantes que han dejado de pisar el suelo con sus utopías crepusculianas.

A lo largo de su metraje uno disfruta (o no), de idas y venidas, de amores y desamores y, sobre todo, de ilusiones y desengaños. A fin de cuentas, la vida no es el musical que siempre quisimos protagonizar. Ninguno de nosotros tiene el poder, por fortuna, de decidir por los demás lo que nos conviene o lo que debiéramos ambicionar. Desde el momento en que lo consiguiéramos dejaríamos de amar a la persona adecuada para envenenar a un sucedáneo de lo que siempre añoramos.

Tan solo la mirada condenatoria de un niño, incapaz de entender la globalidad de un sentimiento tan poderoso y destructivo como es el amor, puede ser capaz de decorar con sensatez los acontecimientos relatados hasta hacernos caer en la cuenta que la vida no es nunca como a nosotros nos gustaría que fuera, sino más bien lo contario. De nuestra actitud para asimilarla dependerá en gran medida nuestra felicidad.

Las palabras introductorias del autor al comienzo del relato dan buena cuenta de aquello que nos espera:" Lo siguiente es una obra de ficción, cualquier parecido con algún personaje vivo o muerto es pura coincidencia, especialmente tu Jenny Beckman, Zorra.". Cómicas en un inicio, comprensibles y empáticas después.

Poco más que recomendar ésta pequeña película que pasará desapercibida para el gran público. Pero, ¿acaso no es ese hecho también parte de la dura realidad?

9 Noviembre 2009

Hay ruido por todas partes. Voces en la calle, músicas obligadas y coches afónicos que no hacen más que oponerse a mis ansias anacoretas de sosiego. Niños que gritan pidiendo atención, viejos que callan asumiendo su niñez y cláxones que ladran por mostrar su conocida impotencia. Mi vecina grita a la del quinto que ponga la televisión, cuando lo único que se me antoja necesario es el cerrar los ojos y acompañar con pensamientos salvajes las vociferaciones que me alcanzan desde debajo de la puerta. Gritos pidiendo calma y silencios rogando holas.

Me introduzco en una burbuja. Aquí todo es distinto. Estás tú.

Y como heroína forzada de directores daneses, hago acopio de ritmos inarmónicos y vuelo con ansias de ingenuidad hacia lugares familiares que giran en torno a ésta taza de café. ¡¡Qué me gusta su aroma!!.

6 Noviembre 2009

Mucho podría contar sobre una película tan compleja como es El secreto de sus ojos. Podría empezar a diseccionar la elaborada factura de un guión maravilloso, la inteligente y compleja disposición de las cámaras durante el transcurso de la obra, acompañadas de una facturación técnica inmejorable o la acertada y mágica interpretación de cada uno de los personajes que integran la trama. Análisis técnicos que no domino muy bien, puesto que disfruto de las películas sin que su modo de producción me impida verlas como un producto bien facturado más que como una historia formidable.

Yo prefiero empatizar con ellas. Buscar aquellos detalles que confieran a la historia ese hechizo por el cual dejas de ver unos personajes interactuando para sentirte tu mismo parte de la trama, con su sufrimiento y sus momentos de regocijo. Como cuando sueltas una sonrisa tímida y escondida al mismo tiempo que acercas tu mano a tu mejila para ocultar tus lágrimas. Esos momentos en los que dejas de ser un espectador indiferente para transformarte en un amigo que solamente escucha.

El secreto de sus ojos está llena de esos momentos encantadores. Es un regalo de miradas escondidas y, claro está, de secretos. De esos que todos ocultamos y que entendemos aun sabiendo que su negación formará parte de nuestra respuesta ante los demás. A lo largo de sus quince minutos de duración (aunque he leído que dura dos horas) te envuelves en una atmósfera atemporal en la que exiges a la pantalla que actúe, que te imite y en la que llegas a temblar cuando compruebas lo complicado que resultan las cosas más simples. Algo así como lo que nos pasa a todos.

La trama, es lo de menos. Hay un caso judicial que resolver y de eso va la película. Pero creo que es lo menos interesante de la obra. Se disfruta más sabiendo que El secreto de sus ojos va sobre eso. De Secretos y de Miradas.

6 Febrero 2009

The Reader

Una sociedad manipulada y manipuladora. Una época vergonzante que busca resarcirse de sus purgas empañando la imagen del espejo, aquel capaz de mostrar la verdadera realidad.

Stephen Daldry vuelve a sorprenderme como hizo años atrás con las horas al mismo tiempo que me desliza entre emociones contagiosas como con la añorada Billy Elliot. En esta obra, candidata a cinco premios de la academia, Daldry nos sumerge en la historia de Michael Berg (David Kross), joven de 15 años que entabla una relación prohibida ante la sociedad con Hanna Schmitz (Kate Winslet) , mujer que le dobla la edad. Cada uno de ellos siente una sincera admiración y deseo por el otro y son conscientes de la dificultad que entraña ese idilio en la Alemania de finales de la década de los treinta. Las precauciones, los miedos, el destino y la naturaleza juegan en contra de los amantes pero el azar guarda para ellos un reencuentro en unas condiciones completamente ajenas a la soledad de sus cálidos y lejanos encuentros.

No busquen respuestas a lo que se van a encontrar en la pantalla. El director se encarga de acariciarnos con sucesivas pinceladas de ocultas realidades en las cuales, como insinúan en un momento clave de la película, nos provocan y preguntan cómo actuaríamos estando en su lugar. Por decirlo de otro modo, nos obliga a que dejemos de lado nuestros preconcebidos y políticamente correctos juicios de valor hacia los actos de los demás y nos invita a adentrarnos en la mente de esas personas que el destino ha querido unirlas en el momento más inadecuado.

Miedos, recuerdos, verguenzas, reproches, purgas y confesiones. Es muy fácil unirse a la multitud para ocultar la vista ante lo evidente. La manipulación de la sociedad no dista demasiado de la de los sujetos individuales y todos, en algún momento, hemos caído en sus poderosas garras mientras aprovechábamos para despedazar con los dientes a los incautos despistados.

24 Enero 2009

Revolutionary Road

En un mundo de apariencias la locura termina por alcanzar la clarividencia y los anhelos de la pareja no dejan de ser más que cortinas de humo que hipnotizan una realidad que está más cercana a la pesadilla.

Dura. Muy dura y cruel es la visión que tiene Sam Mendes de las relaciones familiares y, en concreto, de pareja. Disección milimétrica de la infelicidad del matrimonio, de la ceguera voluntaria y del miedo al espejo.La historia de Revolutionary Road es la del hastío de una pareja que ha olvidado los motivos por los que en su momentos decidieron estar juntos. La de los vanos esfuertos por avivar una llama apagada sobre la cual ya no queda restos de brasa. La de dos personas que no aceptan su fracaso y que buscan fuera de su propio círculo lo que ya no van a poder encontrar puesto que ya, si quiera, lo prentenden encontrar.

April (Kate Winslet) es una actriz fracasada que ejerce de ama de casa ideal. Madre de dos hijos, vive en un hogar idílico rodeada de vecinos que admiran y envidian su felicidad. Su marido (Leonardo Di Caprio) trabaja en una empresa ejerciendo la misma labor que su progenitor, manteniendo olvidados sus anhelos de juventud. Conscientes de su propio potencial malgastado y del estancamiento de sus vidas deciden darse una nueva oportunidad y planean abandonarlo todo para irse a vivir a Europa.

Con una puesta en escena maravillosa e impactante, poniendo las cartas sobre la mesa a la primera de cambio, Sam Mendes nos conduce a y través de un camino sin retorno hacia la más negra de las impotencias. Sin dejar de incidir en lo efímera que puede resultar la felicidad, nos obsequia con pinceladas de cotidianedad y puñetazos de realidad que forman un lienzo abstracto. Tan abstracto que deja al propio espectador que lo digiera a su gusto hasta que termina por indigestarse. Todos sus titeres sufren de lo mismo. De  aislamiento. De incomunnicación y  cobardía. Deconformismo y ceguera. En una sociedad en la que se valora más la apariencia que la realidad.

Fantástica Kate Winslet. Capaz de matizar con la mirada un espectro de emociones. Correcto Di Caprio, que se pensará de nuevo el repetir película con su amiga por ser siempre eclipsado. Y soberbio Michael Shannon, aprovechando cinco minutos de escena para ganarse el recuerdo de toda la película.

No apta para aquellos que crean en los cuentos de hadas, en el cine de Disney ni para aquellos que prefieran escoger la pastilla azul.

13 Enero 2009

Debo reconocer mi desconocimiento absoluto del personaje de Harvey Milk. No había oído hablar de él y sí de otras figuras clave en la historia reciente de los Estados Unidos y, por imitación, del resto de la sociedad occidental. Habíamos conocido la historia de Malcom X, Larry Flint y tantos otros inconformistas ante la sociedad que los maniataba, pero parecía como si no interesara el importante papel que ejerció en la sociedad el primer político norteamericano en declararse abiertamente homosexual.
Hasta hora, el papel de los gays en el cine se limitaba a la amiga chillona y divertida de la protagonista, de gran corazón y apoyo incondicional, al asesino reprimido que busca una salida visceral a su desgraciada vida o a coloristas reinonas que animaran cualquier fiesta que se preciase.
Claro está, todo con matices. Ben Hur, Espartaco y tantas otras insinuaban de manera más o menos clara unas relaciones peculiares entre sus protagonistas. Y ahora, tras la explosión de Brokeback Mountain (con uno de los momentos más maravillosos de la historia del cine regalados por el tristemente fallecido Heath Ledger) se empieza a trivializar el papel de los homosexuales en la gran pantalla tal y como son. Personas que aman, odian, sufren y hacen sufrir. Es decir, personas a secas.
En la nueva obra de Gus Van Sant nos muestra las inquietudes del maduro Harvey Milk, que a punto de cumplir los cuarenta entra en una especie de crisis existencial y se pregunta que es lo que ha hecho con su vida. Decide dar un giro a la misma y comienza a reivindicar sus derechos como persona libre, harto de que se le discrimine por su orientación sexual. Para ello empleará todas las armas necesarias para luchar de tú a tú con una sociedad que no le quiere.
La película narra de una manera casi documental los acontecimientos que llevaron a Harvey Milk a la concejalía del ayuntamiento de Castro y rápidamente se aleja del planteamiento homosexual para universalizarse y demostrar que, en todo momento, uno puede ser señalizado por su color de piel, su procedencia o sus ideas religiosas pero que, en una sociedad cerrada como la estadounidense de los años setenta, y la de ahora también, la verdadera revolución en la que hay que embarcarse es aquella que empieza en uno mismo, en aceptarse tal y como uno es y apartar todos los miedos que nos maniatan y nos impiden desarrollarnos como realmente nos gustaría.
Sean Pean inconmesurable como siempre, con una calcación mimética de la voz y los gestos del genuino Milk, lidera a un acertado elenco de secundarios (Diego Luna, Emile Hirsch...) que se muestran siempre a la altura, con un grado de mesura necesario para no distraer la atención del espectador. A su lado, a la par incluso, se encuentra el cada vez más solicitado Josh Brolin, interpretando al concejal Dan White, con la difícil misión de dar vida a la delicada ambiguedad moral de un personaje como el suyo, tan lleno de contrastes y tan reconocible en cualquier ámbito laboral, donde la frontera del interes y la amistad se diluyen sin que apenas te des cuenta.
No llega a ser una película que cause entusiasmo. Se podría tachar de fría por la crónica detallada de unos hechos y, peor aún, efectista en algunos momentos en los que se busca la emotividad facilona de un telefilm. Pero no puedo negar que me ha encantado conocer, e incluso admirar y envidiar, a ésta persona que un buen día decidió enfrentarse a todo y a todos por pelear por algo en lo que creía.

28 Diciembre 2008

De un tiempo a esta parte, Woody Allen ha dejado aparcado su peculiar sentido del humor que impregna sus peliculas en favor de centralizar la atención de las mismas en los dramas internos a los que se someten las personajes que buscan un sentido a sus relaciones de pareja. No es que olvide insertar en sus legados cinematográficos situaciones inverosímiles o cargadas de ingenio o agudeza, sino que ahora se limitan a decorar sus historias, que se llenan de fuerza para mostrarse sin tapujos, poniendo toda la carne en el asador.

En Vicky Christina Barcelona, nos encontramos a una pareja de amigas que viven la vida de manera muy diferente. Vicky es racional. Christina pasional. Orden y Caos. Felicidad encontrada desde dos vías distintas. Ante ellas, aparece un bohemio pintor con una propuesta arriesgada y directa. Quiere pasar un fin de semana con ellas para enseñarles su forma de vida y hacerles el amor.

Entre la viceralidad de Christina y la cordura de Vicky se fraguan los primeros dilemas de la obra de Allen. Una quiere arriesgarse, la otra no está dispuesta si quiera a pensarlo pero, al mismo tiempo, sabe perfectamente que no puede abandonar a su amiga ante esa situación tan descabellada. Y entonces, entra el azar y da un toque de magia que hace que la pelicula comienza a indigestarse. No es lugar para estropear el desarrollo de la película. Solo para crear el gusanillo hacia la misma. Los actores que se prestan al juego están soberbios. Seré un poco pedante ahora, pero es un deber serlo. Esta película solo tiene sentido vista en versión original. No, no voy a defender ahora el formato original, el cual lo considero necesario siempre, pero no imprescindible. Hay grandes dobladores en España y el resto del mundo que hacen trabajos espléndidos. Pero en ésta película en concreto, el choque de culturas y el desconocimiento del lenguaje juegan un papel fundamental para poder disfrutarla en su totalidad. De lo contrario, como entender la fuerza que impone Penelope Cruz a su personaje cuando se enfrenta a....Versión original, por favor. Y, tratandose de Woody Allen, los actores son fundamentales.

Patricia,Scarlett, y Javier forman un trío de protagonistas solventes, pero la brutal aparición de Penelope (otra vez) consigue que uno se desespere cada vez que se critica, de manera un tanto envidiosa, la capacidad de absorver los personajes que tiene la española. Siento debilidad por ella, claro está, pero vuelve a dar una lección de como aprovechar sus escasos minutos en la película para hacerse protagonista absoluta de la historia.

Nada más que recomendar su visionado (aunque hay opniones en contra de la misma)  y reflexionar acerca de lo que queremos en la vida. Lo que queremos nosotros para nosotros. Y, si puede ser, a entender que el ser humano busca su propia felicidad de las más diferentes y rocambolescas maneras. No somos nadie para juzgar a la conducta de los demás en cuanto a sentimientos se refiere. Creo que de eso algo he aprendido con el tiempo.

Sobre Expiaciones cotidianas

El tiempo pasa y nos moldea sin piedad. Lo que fuimos ayer deja de tener sentido cuando uno parte de pilares arenosos. No quiero renegar de mis miedos y conflictos. Dejaré que las líneas reflejen quien soy ahora, para poder comprenderme mejor mañana

Tambien asomo en twitter


Botones Twitter ecoestadistica.com

Categorías